El 24 de marzo de 2005 se estrenaba en Estados Unidos ‘The Office’, una serie que estuvo a punto de morir de forma precipitada al final de su primera temporada pero que acabó convirtiéndose en una de las comedias televisivas más populares de todos los tiempos y la clave para ello fue saber entender al personaje de Michael Scott.

Como pasa a veces, la primera temporada de ‘The Office’ apostó por ser bastante fiel al original británico, tanto es así que el personaje interpretado por Steve Carell casi parecía una réplica del original encarnado por Ricky Gervais. Eso contagiaba a toda la serie, ya que era un personaje mezquino y que no caía nada bien, utilizando la incomodidad de una forma que no dejaba con ganas de verle más.

Una renovación por los pelos

Eso se tradujo en una drástica caída en las audiencias tras el buen funcionamiento del primer episodio. Básicamente, de los más de 11 millones del piloto se pasaron a los 6 del segundo y para el sexto ya se había caído por debajo de los 5 millones de espectadores. En condiciones normales, habría sido la muerte de la serie, pero fue entonces cuando hubo una alineación de astros a su favor.

Por un lado, Kevin Reilly, uno de los mandamases de la la cadena NBC por aquel entonces tenía mucha confianza en la serie, por lo que no dudó en suplicar a sus jefes que dieran una segunda oportunidad a la serie. Sin embargo, lo que terminó de decidir a los ejecutivos fue que Carell era el protagonista de ‘Virgen a los 40’, una comedia que acabó arrasando en taquilla ese verano.

Todo ello llevó a que NBC renovase su confianza en la serie y le concediese una segunda temporada de 22 episodios, pero las cosas no podían seguir igual si querían conseguir una supervivencia a más largo plazo. Fue entonces cuando se tomó la decisión de cambiar a Michael Scott.

Escena The Office
Escena The Office

Por un lado, Carell había mejorado su preparación física para la película de Judd Apatow y decidió mantenerla, lo cual dio una excusa idónea para hacer un mayor número de ajustes en su look. Uno de los más llamativos fue su corte de pelo, que en la primera temporada había intentado emular el de Gervais en el original británico. Así recuerda Michael Schur, uno de los guionistas de la serie que luego crearía joyas como ‘Parks and Recreation’ o ‘The Good Place’.

El momento más importante fue cuando nos renovaron para una segunda temporada por los pelos y Greg Daniels (creador de la serie) se sentó con todos y dijo: «La serie británica es una de las mejores piezas de comedia y arte jamás hechas. Pero porque solo duraba 12 episodios, pudieron presentar una visión del mundo desalentadora y convertir a su personaje principal en alguien negativo y triste. Nosotros estamos intentando que esto dure mucho más de 12 episodios, así que necesitamos hacer cambios si queremos sobrevivir». Todos nos quejamos en plan «No lo entiendes, tío, Vas a arruinar algo estupendo». Dejó que nos quejásemos y entonces dijo: «Vamos a hacer los finales de nuestra serie optimistas. Vamos a hacer que Michael Scott sea un personaje más empático».

Una remontada a lo grande

Pero los cambios tenían que ir mucho más allá de la apariencia y afectar también a la personalidad de Michael Scott. Ya desde ‘The Dundies’, el primer capítulo de la segunda temporada, se notaron las variaciones en el sentido del humor, donde se seguía jugando con la vergüenza ajena, pero con un enfoque más entrañable, añadiendo unos matices casi infantiles al personaje.

De esa forma comenzaba una transformación en la que pasaba de ser alguien cruel y sin nada que explicase el puesto que ostentaba a un personaje excéntrico muy dotado para las ventas y que servía como punto de eje para que el resto de la oficina encontrase su voz en la serie.

Para ello se echó mano tanto de potenciar personajes que en la primera temporada eran poco más que mobiliario de fondo e introducir varias líneas argumentales románticas a partir de las cuales ir creando diferentes enredos. La de Pam y Jim seguiría siendo la más importante como ya lo fue en la británica, pero pasó a desarrollarse de otra forma, y a ella se añadieron otras como Dwight y Angela o el hilarante interés de Kelly hacia Ryan.

En paralelo se fue matizando aún más a Michael Scott, añadiendo esa empatía hacia el resto de personajes que mencionaba Schur que hasta entonces había brillado por su ausencia y dando un tono más optimista a los episodios, no solamente en su tramo final, aunque sí que entonces se tendía a potenciarlo más para dejar al público con ganas de volver a Dunder Mifflin.

El efecto de los cambios se dejó notar ya desde el arranque de la segunda temporada, con un notable crecimiento en las audiencias, logrando una media de 8 millones de espectadores y cosechando unas críticas muy entusiastas, probablemente las mejores que nunca tuvo la serie.

‘The Office’ ya había despegado y luego nos regalaría multitud de episodios memorables hasta su finalización el 16 de mayo de 2013. No por casualidad, el mayor bajón en la serie vino cuando Carell decidió abandonarla. Ya no era lo mismo sin Michael Scott, que se había ganado con creces esa taza para el mejor jefe del mundo.

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